Perros, caballos, delfines, y hasta
leones marinos, han ayudado a personas discapacitadas o socialmente aisladas
(alcohólicos, drogodependientes, ancianos...) a conseguir o recuperar el
contacto con su entorno, o a desarrollar su capacidad de comunicación, como en
el caso de los afectados por algún trastorno del espectro autista. Las
investigaciones al respecto han demostrado que las personas que padecen autismo
pueden conseguir grandes beneficios si siguen terapias asistidas con animales
como perros y caballos. Entre las dificultades que presentan estos pacientes se
encuentran el retraso en la adquisición del lenguaje (en muchos casos ni
siquiera llegan a hablar) y su incapacidad para mostrar empatía, lo que les
hace aislarse de las personas de su entorno y disminuye sus posibilidades de
aprender a desenvolverse en sociedad.Los animales
preferidos para poner en práctica este tipo de terapias son los perros y los
caballos, entre otras cosas, por ser los más accesibles en nuestro medio. En el
caso de los caballos, la equinoterapia ofrece la ventaja de ser una actividad
que se realiza al aire libre y en contacto con la naturaleza. La afectividad de
este animal, que incluso es capaz de percibir las limitaciones físicas y
mentales de los pacientes, se conjuga con el efecto terapéutico que ofrece su
movimiento, y que aumenta el equilibrio, la concentración y la autoestima de
los afectados por discapacidades físicas o psíquicas.Los perros
son animales inteligentes y cariñosos que disfrutan con la compañía humana y no
necesitan hablar para transmitir su afecto, no juzgan a las personas y no
requieren un nivel de comunicación exigente; además, son capaces de aprender a
obedecer órdenes sencillas y se adaptan perfectamente a la rutina que necesitan
los niños con autismo.
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